En una empresa de alta gama y con gran reconocimiento a nivel nacional se realizó una entrevista de trabajo para ocupar puestos vacantes, donde la principal consigna era el buen dominio de las matemáticas. Casi con seguridad me atrevo a afirmar que los empleos estaban destinados al sector de finanzas de la empresa, de todos modos lo interesante es la historia en cuestión.
Una cantidad enorme de personas se presentaron aunque sólo dos fueron seleccionados para una prueba final; lógicamente había que elegir a uno de ellos. El primero era buen mozo, de excelente presencia y con un sofisticado aroma, sin embargo no tenía la facilidad para las cuentas que su adversario ostentaba. El segundo, era sencillo en su forma de vestir, con un estilo rústico por no decir dejado, pero como se mencionó anteriormente poseía una capacidad enorme.
La pregunta que rápidamente se desprende es: ¿Quién cree que quedó? No hay dudas que el segundo aspirante fue el que se ganó el puesto en esta empresa de importante trascendencia, sin embargo le hicieron algunas recomendaciones en cuanto a su imagen.
Pero atención; suspendan por un momento esa sonrisa típica de un final feliz y acuérdense esa frase que dice “algunas cosas solo suceden en las novelas”.
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